
1. No hay seguridad jurídica sobre la propiedad:
No hay certeza legal de quién es el propietario.
Es difícil probar legalmente que el inmueble es tuyo, sobre todo ante autoridades o en un juicio.
2. No se puede vender legalmente:
No puedes escriturar ni vender el inmueble a través de notario si no está registrado.
Si lo vendes con un contrato privado, el nuevo dueño tampoco podrá inscribirlo.
3. No puedes hipotecarlo ni usarlo como garantía:
Los bancos y notarías exigen que el inmueble esté debidamente inscrito y libre de gravámenes.
4. No se puede heredar formalmente:
Si la casa no está inscrita en RPP, en un juicio sucesorio puede complicarse su adjudicación.
5. Mayor riesgo de fraude o despojo:
Cualquier persona podría intentar apropiarse de la casa si no hay registro que respalde la posesión o propiedad.

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